LA REALIDAD DE LOS NIÑOS EN EL MUNDO DE HOY

 

LA REALIDAD DE LOS NIÑOS EN EL MUNDO DE HOY 

El niño ha sido ignorado en la historia de la humanidad, como el producto de la relación de dos humanos en matrimonio, o sea perteneciente a solo esos dos la manera de discernir entre lo que es correcto y justo para esos nuevos humanos que entran al mundo producto del placer adulto sin escrúpulos, los que son ignorantes, por su ignorancia, siguen los patrones de las tradiciones y castran de valor a los niños que vienen a sus vidas a mostrarles el camino de retorno a la fuente que yace dentro y que está más allá de todos los movimientos egocéntricos que se refieren a la supervivencia del más fuerte. 

La historia de la infancia aún está por escribirse.

 Son varias las causas que vuelven especialmente árida la tarea del historiador que se ocupa de la infancia. 

El carácter invisible del niño en la mayor parte de las sociedades de la Antigüedad, el medio, los artistas no conocían la infancia, o al menos no llegaban a representarla; el niño figuraba en la pintura, no como un ser dotado de características propias, sino como una suerte de adulto en miniatura. 

La deformación del cuerpo infantil y el rechazo de sus rasgos específicos fueron rasgos compartidos por la estética de todos los periodos previos a la modernidad, es difícil achacar dicha tendencia a una impericia técnica de los artistas; "cabe pensar más bien", que en tales sociedades "no había espacio para la infancia" 


1 • La excepción podía hacerla el arte griego del periodo helénico, pródigo en la reproducción de figuras de Eros de proporciones perfectamente aniñadas. Sin embargo, ello podría obedecer más a los ideales miméticos característicos del arte helénico que a la existencia de una concepción del niño que distinguiera el mundo adulto del infantil. 

Así se revela en las epopeyas del periodo clásico, donde los niños aparecen retratados como cruentos guerreros en pro del derramamiento de sangre y hacen gala del mismo arrojo y valentía que los héroes adultos, así como en la invisibilidad que tuvo la infancia en las obras del pensamiento helenista que cimentaron las bases de la cultura occidental actual.

Vista como una fase de la vida que una vez superada (lo que, como se sabe, era entonces infrecuente) quedaba relegada al olvido, la infancia permaneció unida en el arte de la Antigüedad a un mundo de representaciones que la desconocía e incluso la rechazaba. En todos los casos, se ignoraba la especificidad del mundo infantil. 

Otro obstáculo que sale al paso a quien sigue las huellas de la infancia, reside en que las muy escasas alusiones a la vida infantil son parte de la biografía de personajes célebres, generalmente nobles o reyes, cuyos relatos idealizados pintan un cuadro novelesco que carece de valor histórico documental y que más podrían pertenecer al ámbito de lo prodigioso y lo fantástico. 

Como el diario personal de Héroard, médico de Luis XIII que a comienzos del siglo XVII decía que apenas salir de su madre, el delfín tomó con tal fuerza su cordón umbilical que ella no podía arrebatárselo. 

Además, mientras que la historia ha privilegiado los acontecimientos públicos, la infancia ha permanecido en la sombra del relato privado. A esto se añade el carácter escabroso del lugar histórico del niño en las civilizaciones de Oriente y Occidente. 

Del infanticidio al sacrificio, del abandono al filicidio (muerte violenta que un padre da a su hijo), de la emasculación a la sodomía, de la tortura física a la infusión de pánico como forma de dominio, el lugar social del niño traza una galería de retratos de época en los que la ignominia y el envilecimiento muestran que la historia de la infancia bien podría constituir la historia universal de una infamia. 

 La ansiedad que nace de la "distancia psíquica" existente entre niños y adultos ha jugado un papel fundamental en la conformación de los lazos paternofiliales, y ha propuesto explicar, a partir de la evolución de los mismos, la mutación de los rostros históricos que ha ostentado la infancia. 

El lugar del niño en la sociedad es análogo al de un psicoanalista que recibe en proyección toda la angustia, la ansiedad, el amor y el odio adultos, así como una demanda perenne de satisfacer lo que no puede ser satisfecho, "está acostumbrado a que se le utilice como 'recipiente' de las proyecciones masivas del paciente. Este ser utilizados como vehículos para las proyecciones, era lo que le solía ocurrir a los niños en otras épocas", usados para la prostitución, mercado de órganos, o infanticidios. 

2• De este modo, el niño ha sido visto en diferentes momentos como un ángel pleno de inocencia o un demonio portador de todo mal; como el producto de la mera necesidad del cuerpo o un intruso mortífero en el seno materno; como un espejo que refleja a un adulto prematuro o bien a un ser incompleto que requiere moldeamiento, igual que una roca en estado bruto solicita la mano y los instrumentos del escultor para cobrar aspecto humano. 

Con la mayor de las suertes, el niño ha sido considerado un adulto en potencia, quizás lleno de futuro pero vacío de realización. Avanzar un cambio en dicho estado de cosas de la educación. Enemigo de los moldes educativos generalizados, promovía el respeto a la individualidad del niño y la atención a su singularidad; otorgaba, sobre todo, un lugar esencial a las diferencias elementales que existen entre el adulto y el niño. 

La confusión babélica que nace del enfrentamiento inevitable entre el lenguaje adulto y el infantil: "Si los niños escuchasen la razón, no necesitarían que los educaran", "pero con hablarles desde su edad más tierna, una lengua que no entienden, los acostumbran a contentarse con palabras, a censurar todo cuanto les dicen" 

3• la educación es cosa de niños, y el punto más innovador radicaba en concebir a los niños como los maestros de los adultos. Al entender al niño como un individuo cuyo destino se cumple en el presente (y no en un futuro improbable), el método educativo buscaba las claves del razonamiento infantil para vincularse a él.  

Sin embargo, el impulso de sus planteamientos quedaría sin eco hasta bien entrado el siglo XX. A partir de ese momento, la influencia del pensamiento comenzará a sentirse en el desarrollo de la pedagogía y la puericultura, la medicina infantil y la psicología evolutiva. 

El momento presente del tiempo es el único momento en el que los niños existen, de hecho cuando empiezan a dejar la niñez, también su natural inocencia que ya ha sido contaminada con los IDA's de sus impresiones previas en el proceso de crecer. Solo los niños son inocentes, por eso Jesus dijo: "Deja que los niños vengan a mi, porque solo aquellos que tengan la"inocencia" de un niño, puede entrar al reino de los cielos." esta inocencia, nos la obsequia el proceso de amanecer de la conciencia iluminada a traves de la meditacion en los mahavakyas.

Sin embargo si esta direccion del sentido de la inocencia no se transciende en Samadhi, esta puede ser objeto de desprecio y maltrato, el niño pasó a convertirse en objeto de estudio y atención. La raíz etimológica de la palabra "infancia", proviene de no tener voz, lo que equivale a no ser escuchado, a no tener derechos. Hoy, en la época de "los derechos del niño", vale la pena detenerse una vez más en el sentido de esta etimología. La palabra latina irifans (niño) se compone del prefijo "in", que significa negación, y del participio del verbo "far", "faris", que significa "hablar". Infans significa, entonces, "aquel que no habla". Y aquel que no habla, podríamos añadir, necesariamente es hablado. 

"Cada sujeto lleva la marca del modo en que ha sido hablado y de eso dependerá lo que se cristalizará para ese sujeto como inconsciente".

Sería el psicoanálisis, en efecto, la disciplina que en los albores del siglo XX introduciría en la cultura moderna la primera concepción del niño como sujeto, es decir, un ser habitado por el lenguaje y el deseo inconsciente, como cualquiera. Hay una borradura, un olvido de la infancia, enseña que antes de hablar somos hablados y que es la propia infancia la primera que tendemos a olvidar, a reprimir.  De donde provienen todos los traumas y dolencias del humano adulto de hoy, un ser que proviene del abuso, del desprecio, y de estarse callados para ejercer la voluntad egocéntrica y egoísta de los adultos que los rodean. 

¿Cuánto de las antiguas concepciones sobre la infancia pervive discretamente en el uso cotidiano del lenguaje?, la palabra "niño" se aplica con benevolencia a una persona "ingenua" o "irrazonable"; asimismo, en ciertos empleos puede implicar "franco desprecio"

Los calificativos "infantil", "pueril" o el sustantivo "niñería", suelen apuntar con desdén hacia aquello a lo que se otorga poca substancialidad. En el diccionario también encontramos que la palabra "niño" es definida como "persona no adulta". En las sociedades contemporáneas, entonces, ¿realmente se ha dejado de ver al niño como la entelequia (Cosa, persona o situación perfecta e ideal que solo existe en la imaginación.) de un adulto? 

 Se refería así a los juguetes infantiles: "Los juguetes habituales son esencialmente un microcosmos adulto; todos constituyen reproducciones reducidas de objetos humanos, como si el niño, a los ojos del público, solo fuese un hombre más pequeño, un ficticios producto de la imaginación al que se debe proveer de objetos de su tamaño" 

4 • En la era de los videojuegos y la creciente virtualización del mundo, en especial del mundo infantil, seguimos pensando que la Historia universal de la infancia, juego infantil, es algo demasiado serio como para dejarlo en manos de los niños. 

Crear un Paraíso para los niños de esta nueva era, es abrir la posibilidad de que los adultos dejen atrás la supervivencia del más fuerte en el estado despierto de la conciencia, como la manera de hablarles y se enfoquen en ILUMINARSE a sí mismos para estar al servicio del otro y que hablen a otros, en el momento presente del tiempo, ese instante de "INOCENCIA" que implica que el amor en la cotidianidad de la vida debe verse como una alabanza continua en la vivencia de esos niños que son el futuro de la humanidad en el planeta y vincularlos a la paz QUE YACE en su interior y cultivarlos a que expandan en aprender a RECIBIR y DAR como la manera más amigable de existir en el planeta tierra, enfocados en la fuente y viviendo en comunidad como semilla de las generaciones por venir.  


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