Nirvikalpa Samadhi Significado para Villa de Paz y Humanos Felices




Cuando se navega por los océanos del Nirvikalpa Samadhi, cuyas playas no lo limitan jamás y cuyas olas nacen y mueren como universos que aparecen y desaparecen, es posible constatar que en dicho estado de percepción no existe meta alguna por alcanzar. La Conciencia Absoluta No-dual, a la que suele denominarse Brahman, detecta todos los recodos del universo de forma simultánea avizorando el más mínimo cambio que ondea en él. Tiempo y espacio son variables posteriores a la Conciencia misma; tiempo y espacio no forjan partes ni se fraccionan en pasado o futuro. Allí, en el Nirvikalpa, el ojo que conoce todo lo ve, el oído que escucha todo lo oye y el tacto que siente todo lo toca. La mágica ordenación de un universo interrelacionado por la Conciencia se nota activo pero, a la vez, nada en él se mueve.

Para la Conciencia No-dual del videhanmukta, ahora convertido en el mismo Brahman, el universo es inmoble y a la vez moviente, pero aun ante el mismo cambio todo es siempre idéntico y sin modificación. Sin embargo, para los restantes seres envueltos por maya, el tiempo los dirige hacia el futuro y el espacio los diversifica en innumerables partes. Emerge una sola realidad con diversas formas de interpretación: la dual y la No-dual

Esos momentos pueden parecer siglos, o tal vez un infinitésimo instante, pero el tiempo y el espacio sobran como descripción de lo que acontece. El universo se detiene en su expansión pues no hay nada que ofrezca la opción de notar algún movimiento de algo respecto a otra cosa. Finalmente se regresa al hogar, cuyas paredes y techo son la existencia sin límite, el amor absoluto y la conciencia suma.

Tal es la intensidad de la vivencia, que consume el tiempo y el espacio; tal es la fuerza de lo experimentado, que consume la individualidad. Es este instante la razón de ser de toda búsqueda, es la razón de lo que ahora se vive.

Agotada la experiencia, y mientras no sea constante, como sí lo es en el caso de los jivanmuktas, la mente empezará nuevamente su impulso de diferenciación y gradualmente aparecerá el universo diferenciado. Dicho universo naciente se advertirá según los cánones sobre los cuales impera ahora la cognición, de tal manera que quien viajó al absoluto puede otra vez verse envuelto en el tiempo y en el espacio, hasta que un día su estructura interior dé paso a un cambio estable a cualquiera de los estados de conciencia posibles.

 El jivanmukta posee consciencia de su cuerpo, de su vitalidad y de su mente. Puede reconocer la existencia del dolor físico, atestiguar enfermedades e incluso bucear por sus propios recuerdos. La única diferencia entre un jivanmukta y una persona común es la capacidad de desidentificación que opera en su mente. Todo ser humano convierte cualquier experiencia mental o física que realiza en algo propio, personal, a tal punto que presume de conciencia individual y atestigua que es él quien realiza la acción, pues se advierte a sí mismo como ejecutor de todo acto.

El jivanmukta tiene la posibilidad de convertir en objetos a sus pensamientos, esto es, puede experimentarse desidentificado de ellos. Normalmente cualquier persona se atribuye a sí misma la condición mental que experimenta. Si por momentos está alegre, se define a sí mismo de igual manera; si, por el contrario, se encuentra triste, de igual manera asume dicho rol. Los sentimientos, pensamientos, sensaciones y pasiones se integran con el yo combinándose y creando una entidad consciente que se diferencia de cualquier otra individualidad. La mente le otorga a dicha individualidad el sentido de pasado y la manera de fluir del tiempo, asegurando al individuo tener una dirección evolutiva hacia el futuro. El jivanmukta, en cambio, no posee un centro activo desde el cual obre y al cual podamos llamar ego. La conciencia permanece activa pero no asume un rol individual. Lo conocido se sigue conociendo, el conocedor sigue conociéndose; sin embargo, entre conocedor y conocido no se advierte sentido de diferencia; ha nacido el sentido No-dual de percepción.

También a los jivanmuktas se les llama los “grandes ignorantes” o “los dos veces nacidos”, pues nacieron primero de un vientre y luego nacieron a la percepción suprema, esa que les permite alcanzar y traspasar el “océano de la ilusión”. Esto se ilustra en algunas otras culturas, como por ejemplo en la budista Zen, con el apelativo de “Gran Ignorante” que se atribuye al maestro que se ha establecido en el satori, porque después de haber conocido todo lo que puede conocerse, no se le nota, no se percibe nada extraordinario en él y sigue pareciendo a los ojos del mundo tan ignorante como la mayoría.

En la tradición Ishaya se le conoce como el Maharishi, ese que ha trascendido todas las limitaciones y es uno con el UNO. 

En conclusión: han de desconectarse inicialmente los sentidos; es necesario Particularizar la percepción y reconocer al Exín como agente cognitivo2que acontece en el mundo interior. Un Sujeto situado en el mundo interior que Totalice, es lanzado automáticamente a la memoria; en cambio el Exín3, asociado al Presente en el mundo interior, automáticamente se distancia de los contenidos mentales, es decir, se Particulariza.

1 Exín, denota el acto cognitivo donde el Sujeto se funde con el Objeto en un campo cualquiera de cognición. Lo componen las preposiciones latinas EX e IN, que asociadas indican fusión de lo interior con lo exterior. Exín conoce como una unidad carente de historia que permanece difuminada en un campo de cognición. Con la experiencia de la Observación, el Sujeto, como agente de la cognición, es reemplazado por el Exín, identidad de cognición diferente al Sujeto, que emerge en el nuevo estado y es testigo de lo que allí se conoce.

2 Ser Sujeto no es el único contenido válido, pues posteriormente aún él se diluirá en el siguiente estado de conciencia; simplemente, es el contenido más común de todos los existentes en la mente.

3 El Exín es el Sujeto de la Observación.

Cuando se percibe sin la presencia de Maya, las cosas cobran otro tenor. La percepción queda exenta del sentido de diferenciación.

Cuenta una historia que, cada vez que un yogi entraba en Estados Supremos de Conciencia, el vaikuntha, la morada donde residía la trimurti, BrahmaVisnú y Shiva, comenzaba a temblar. Los Dioses detectaban que en el plano terrestre algún humano estaba a punto de lograr la Liberación y eso provocaba un terremoto en sus planos de existencia. Es una manera de ilustrar la dificultad de acceder a esos tipos de experiencia y sobre todo a la dificultad de asentarse en ellos de modo estable.

Es normal que la experiencia carente de Maya se dé momentáneamente y luego se pierda. La expresividad de esa vivencia es tan terriblemente diferente a todo lo conocido que apabulla. Entonces se dice que desaparece “el velo de Maya”. Desaparece la diferenciación cognitiva entre los objetos y de los objetos con quien los conoce. Los objetos, a la luz de una percepción normal, parecen estar delimitados genéricamente por fronteras asociadas al nombre que se les asigna y por la forma de la que están dotados. Cada evento asume la condición de ser una unidad cerrada, con un nombre y una forma específica. Maya otorga La Realidad a dicha individualidad.

Excepto en el Ártico y en el Antártico, todo está dividido por fronteras entre países. La percepción mental habitual acredita fronteras mediante nombres y formas. Parece imposible ver un objeto sin que este acredite su límite a través del nombre y la forma que posee. Solo conocemos fracciones, categorías. Pareciera que la mente está imposibilitada a ver el mundo carente de pasado y futuro, de dimensionalidad en forma de largo, ancho y profundo, carente de categorías; Maya se esconde en la cognición por doquier, diferenciándola.

Por eso es tan asombrosa la experiencia de la No-dualidad. Asombra ver el mundo cuando Maya se deshace y desaparece su velo. No se descubre alguna categoría. Se ve al mundo sin el velo del fraccionamiento en fronteras, sin el velo de los límites de los Campos Cerrados, y al mirar, escuchar, oler, gustar, tocar, al pensar, recordar o sentir, se comprueba que todo está construido no como acumulación de “unidades” sino como entrelazamiento carente de fronteras.

Maya genera el atributo de que algo “es”, “existe” de forma independiente de los demás objetos restantes. Es creer que el algo “es algo” y que “ese algo” incluso evoluciona entre “otros algos”. Nos creemos dotados de atributos personales, individuales y únicos, como un “alguien” que evoluciona en el espacio-tiempo. Es así como quedamos atrapados en las garras de Maya, encerrados en su velo, en un ciclo indefinido de muerte y renacimiento.

Maya da sustento de realidad a las emociones, sentimientos y pensamientos. La búsqueda incesante de la integración confunde la mente identificándose con ellas. Ni las emociones ni los pensamientos son nuestros. Solo alguien inexistente puede apropiarse de algo que en verdad tampoco existe por sí mismo. Maya otorga el sentido de identificación con la acción y con sus resultados, produciendo la perpetuidad de la propia individualidad.

Cuando se retira el velo de Maya el mundo se experimenta como un continuo de eventos sin fronteras, donde cada evento no es solamente él, sino que es también los demás. Cada evento es una potencialidad de existencia que unida a todas las demás potencialidades de existencia configuran un Todo único entrelazado, constituido por el flujo de la Existencia Consciente.

Maya tiende a reforzarse como un agujero negro que al atraer cada vez más material, aumenta su fuerza gravitatoria. Terminamos prisioneros en la cárcel mental de los hábitos construidos por eones. Desconocemos el placer inmenso que supone no pensar, el placer inmenso que deviene al contemplar, de observar un objeto y no definirlo, de permitir que las cosas sucedan para comprobar en últimas que el Testigo de todo Ello, es Ello mismo.

Por ello se plantea que el Svadharma, el Dharma supremo de todo ser humano, es deshacer el velo de Maya.Se podría decir que salir de ahí es como salir de Matrix, salir de un mundo que se supone que “es” pero que en realidad “no es”. No se trata de escapar del mundo, de un “algo”, sino escapar de un modo erróneo de percepción.

EL PRESENTE

Los orientales plantearon que la forma acertada de experimentar La Realidad, es simplemente percibir lo que está aconteciendo. Así, la suma de todo lo que estamos planteando se resumiría en que, si las cosas son y la percepción se da ininterrumpidamente, la manera adecuada de encontrarse con la realidad de la existencia radica en abocarse al Presente.

El Presente es el único lugar, la única condición cognitiva en la que Maya no interviene. No logra entretejer su red de ilusoriedad porque no puede ni velar la realidad ni proyectar nada en él. Este uno de los mayores logros del pensamiento oriental: encontrar un entorno cognitivo ajeno al velo de Maya. Dado que la operatividad de Maya se expresa por una incorrecta forma de cognición, solo podrá develarse a partir de una percepción asociada al Presente. El Presente impide la aparición de las fronteras de la percepción y con ello cesa la diferenciación cognitiva.

La No-dualidad tiene el poder de borrar toda diferenciación sin deshacer cada objeto ni fusionarlo en una categoría metafísica. La operatividad de Maya tiene su raíz en la creación del virus de la individualidad, cuya naturaleza impregna todo lo que se conoce. Es como la fiebre que invade todo el cuerpo; así, Maya infiltra la percepción en su conjunto.



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